jueves, 3 de septiembre de 2015

Refugiados en Europa, o la paradoja de la equidad

Europa no sabe lo que significa equidad. La administración del viejo continente ha suplantado la identidad de un concepto bello, que habla de justicia en su esencia, por un cruel practicismo de carácter puramente económico y con ciertos brotes patriarcales. En un contexto de gobierno de la derecha conservadora, la gestión de los flujos de personas que llegan al mapa europeo con la necesidad de obtener refugio de las crisis que padecen sus países, no solamente es ineficaz sino que atenta directa y flagrantemente contra los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Viñeta de 'El Roto' (viralizzer.com)
Así pues, la equidad no es simplemente repartir a cantidades iguales entre dos o más partes. Este es el modelo que representan la cuotas de repartición de refugiados que ha impulsado la Unión Europea entre algunos de sus estados miembros. Un planteamiento que se ha hecho sobre la base de unos números inexactos y sin tener en cuenta las necesidades reales de las personas que siguen llegando al continente. Pero además es una respuesta completamente inmoral, puesto que la UE se ha dotado a sí misma de la capacidad de distribuir y decidir sobre colectivos humanos según le convenga, le plazca o dictamine, mostrando así una actitud ciertamente autoritaria y de superioridad al creerse propietaria temporal del destino más cercano de todas esas personas. 

Las cuotas han fracasado. Estaban destinadas a fracasar. No son sino uno de los placebos con lo que suele actuar Europa ante la tragedia prójima. Pero más allá del fracaso, también son crimen, mafia, especulación, riqueza para unos, camiones sin oxígeno cruzando Austria para otros. Lejos de plantear una solución digna y humana para las personas refugiadas, han venido a ser un genocidio directo e indirecto, con unas responsabilidades políticas evidentes que deberían ser juzgadas en La Haya. 

La fobia a los movimientos migratorios ha alcanzado su punto álgido. El error de base es la criminalización que ya casi por tradición se viene realizando de la inmigración. La agenda económica y política en Europa de los últimos años se ha concentrado alrededor de una propaganda alarmista sobre la llegada de inmigrantes y los discursos han proliferado al mismo tiempo que siguen radicalizándose. A partir de aquí, se ha entendido el movimiento de refugiados como un nuevo movimiento migratorio, ante el cual las autoridades europeas siguen manteniendo esos cócteles de políticas restrictivas mezcladas con una violencia institucional extrema que convierte al continente en una prolongación de la Guerra siria o de las persecuciones del Estado Islámico. 

No sólo es falta de capacidad de gestión de una nueva crisis humanitaria, sino el hecho de implementar medidas que sigan teniendo por resultados la muerte de cientos y miles de personas. Ante una carencia tan evidente del sentido de la realidad, y una disposiciones de carácter criminal, cabe preguntarse si la administración pública continental debería ser juzgada por crímenes de lesa humanidad.

jueves, 16 de julio de 2015

El no escribirse a uno mismo y otras necesidades relacionadas

El desenfreno por encontrar una posibilidad, cualquiera que sea, de publicar el 'ego' de uno mismo en los mass media está fuera de control. Y digo cualquiera que sea porque la publicación, mayoritariamente, hoy ya no se entiende como un vehículo crítico de calidad y de rigor informativo. Hemos abandonado la capacidad de filtrar lo valioso para dar paso a lo simple, chabacano, fácil y más instintivo. 

Fotografía de la noticia que 'El Periódico' dedica al nuevo programa de Sarda (elperiodico.com)
Y para todo los que nos creíamos 'libres de pecado', resulta que verdaderamente nadie puede lanzar la primera piedra. Los medios de comunicación se han vuelto un reflejo del entretenimiento más obsceno y flagrante, lo que ha dado paso al reflejo en unas campañas electorales fundamentadas en la imagen del candidato o la candidata. A su vez, el principio de fusión que están experimentando los diarios digitales con las redes sociales traslada a prácticamente toda la ciudadanía esa toma de conciencia basada en la idea de que si no te publicitas no eres nada. 

Un amplio abanico de posibilidades y estilos permiten traspasar esta necesidad a un colectivo mucho más heterogéneo. En este sentido, la distancia en la que se situan una persona que firma un artículo en un determinado medio y otra persona que acaba de subir una fotografía a Instagram puede ser abismal, según ellos mismos creen, pero al mismo tiempo mucho más cercana de lo que parece. Por ejemplo, durante la campaña electoral del '24-M', los alcaldables en Barcelona participaron en un especie de paseíllo promocional que les había organizado La Vanguardia a través de diferentes barrios de la ciudad. Al final del recorrido cada candidato debía coger un stick de selfie y grabarse un minuto de vídeo explicando por qué tenía que ser el próximo alcalde de Barcelona. Un clásico de Facebook o Twitter que, sin embargo, con la participación de los cabeza de lista de las diferentes fuerzas políticas de una gran ciudad incluso resulta simpático.  

Fotografía de un tweet del nuevo tatuaje de la hija de Beckham (elperiodico.com)
Otro ejemplo es el formato Gran Hermano. Para ciertos sectores de empedernidos universitarios románticos, resulta una burda muestra de la rebaja máxima a la que un ser humano puede ofrecerse voluntariamente. En cambio, el mismo colectivo estudiantil consumirá después un medio de comunicación donde aparecen noticias del tipo "Lo más hot del verano", o aplaudirán en un mítin a otra persona que, queriéndolo o no, se ha convertido en un mito de la televisión, incluso con un personaje propio en algún programa de humor. Lo que muestra que exponerse hoy día a la actividad en la esfera pública significa también quedar expuesto al teatro de los medios de comunicación masivos y, por tanto, a toda esta subcultura que levanta sus cimientos en el 'selfie' subido a Instagram, las entrevistas publicadas de leitmotiv íntimos y embarazosos, los estados confesionales en facebook y el humor (muchas inmoral) en twitter como menda de pago a cambio de 'retuits'.

Margaret Thatcher aseguraba que "la sociedad no existe, sólo existen los individuos". Ante tal cita, acérrima del liberalismo económica y liturgia barata de la que es uno de los iconos de la defensa del capitalismo, cabe preguntarse si no se está avanzando hacia esta idea. Si todo está confluyendo hacia la creencia de que verdaderamente no existe una sociedad, la colectivización de una masa de seres individuales pero que conjuntamente logran establecer mecanismos para crecer y funcionar de manera equitativa y justa. Enciendes el televisor, y ahí está el discurso de Thatcher, encarnado em el rostro de un presentador, de una modelo, de alguien que sencillamente saluda a la cámara por detrás de la periodista. Ahí está el individuo, intentando anular la capacidad de la sociedad. 

miércoles, 27 de mayo de 2015

'Data city', o la tiranía de la aproximación

Los cuadrantes de la ciudad se dividen en microzonas. Las calles se separan por aceras. Las rotondas se convierten en un conjunto de cuatro esquinas. El plan de Ildefons Cerdà, creador del 'Eixample' de Barcelona, se disuelve en el imaginario de un colectivo de 700 voluntarios inscritos en el recuento de personas en situación de sin hogar, organizado por la Fundació Arrels. Microgrupos de tres o cuatro personas enfilan callejones,calles, paseos, avenidas y cualquier estructura arquitectónica sospechosa de cobijar a alguien en su interior, la noche del 26 de Mayo de 2015, entre las 00:00h y las 02:00h. 

Según la propia fundación, el objetivo es doble. Por un lado, se busca informar de cuántas personas se encuentran viviendo en las calles de Barcelona, y por el otro, crear sensibilización en la ciudadanía. En esta ocasión, el recuento asciende a la cifra de 892 personas durmiendo en la calle. Pero este no es un dato absoluto. Pese a que es real, es decir, esas 892 personas han sido localizadas por los grupos de voluntarios, es necesario tener en cuenta que el recuento se ha hecho durante dos horas de una noche en Barcelona. Por lo tanto, la cifra tiene que tomarse como una referencia a mínimos. Algo así como el mínimo común múltiple en matemáticas. 
Una voluntaria localiza a una persona durmiendo en la calle (Foto:Arrels)

 La Vanguardia, Eleconomista, 20 minutos, eldiario.es, El País, etc. El sector de los medios de comunicación convencionales ha publicado la noticia generando información a través de un dato que no es sino una mera aproximación. Peor lo ha hecho El Periódico, que ha creado el hecho noticiable a partir de la presencia de Ada Colau entre los voluntarios para el recuento. Datos y celebridades; un cóctel que insensibiliza el valor de la información y al mismo tiempo no reconoce su condición de aproximación y no de realidad absoluta. 

Pese a que la propia fundación a hecho mucho énfasis en que la cifra corresponde a dos horas de una de las 365 noches que vive Barcelona al año, y sin acceder a todas las zonas de la ciudad, las noticias elaboradas por los medios son un reflejo de cómo construir toda la realidad a través de un dato aproximado. Y a partir de ahí, del leve vistazo al mundo que supone un dato en el 'boom' informativo que estamos viviendo, se generan unas políticas públicas, unas medidas sociales, unos actos de responsabilidad gubernamental, basados tan sólo en una aproximación, incapaces y sin voluntad de acceder a los problemas de la realidad en su sentido más profundo

Tan sólo hace falta ver los titulares. Hablan de 'personas durmiendo en las calles', mientras que Arrels afirma que "892 personas han dormido esta noche en las calles de Barcelona". Mañana será otra noche, pero para ella los medios de comunicación convencionales ya han determinado el número exacto de personas que están durmiendo en las calles de la ciudad. Ya han constituido su realidad.

viernes, 22 de mayo de 2015

Enmascarando farolas

Paseo por las calles de mi pueblo, del cual evitaré decir el nombre. Cierto ambiente festivo, siempre forzado y oportunista, me acompaña. Ya en la plaza, un hombre se acerca con un fajo de papeles y trípticos en su mano. También evitaré decir su nombre. Y el del partido al que pertenece ¿Que por qué? Sencillamente no aporta nada al transcurso del texto. El hombre me da una palmadita en la espalda y antes de que pueda reaccionar ya ha desplegado ante mis narices uno de los panfletos que lleva encima. Me señala un punto con cara entusiasta. "Como ves, uno de los puntos de nuestro programa es que no aceptamos ningún tipo de regalos ni corrupción". "Gracias a Dios", pienso en un arrebato irónico. Él, ante mi silencio pensativo, sonríe. 
Aguirre presenta su cartel en Madrid (elconfidencial.com)

Nos alcanzan unas elecciones más. Otras nuevas. No diferentes. Sí nuevas. La campaña electoral sigue manteniendo sus estándares más clásicos desde que el mundo es mundo y la política es política. Las calles no se llenan de soluciones políticas que corrijan el error de hace cuatro años (y así sucesivamente). Tan sólo caras. Grandes, deformes, sonrientes, serias, cómplices y frías. Solamente caras. La muestra más evidente el carácter ególatra y la idiosincrasia egocentrista que caracteriza la política y su ejercicio en este país. 

"Voy a ganar el domingo", repiten unos y otras candidatos y candidatas a lo largo del extenso mapa municipal. "La ciudad necesita un alcalde y yo me presento para asumirlo", grita un candidato al mismo tiempo que agita el puño en el aire con fuerza. Creíamos que la presencia de la izquierda recuperada (CUP, en Comú-Guanyem, Podemos-Ahora, etc.) ofrecería un cambio a este panorama. Pero no. El rostro de Ada Colau enmascara las farolas de Barcelona. Igual que el de Manuela Carmena en Madrid. No puedo evitar recordar el cartel de la última campaña electoral de Mas, 'La voluntat d'un poble'. El 'president' se presentaba con los brazos abiertos y la mirada al cielo en un plano tipo 'spaghetti western'. Seguro que Clint Eastwood hubiese considerado que es un suicida por no tener las manos en las cartucheras. 

Cartel de Campaña de Ada Colau (magazineactivo.com)



Los discursos siguen esta línea plasmada en los carteles. Esperaba un discurso más limpio por parte de las nuevas alternativas, pero sin embargo han vuelto a caer en el arte de la contradeclaración. Es patético que sea un debate de campaña afirmar o desmentir que 'fulano o mengana' es ETA. Tampoco ha sido elegante el discurso-contradiscurso mantenido por Trias y Colau, llamándose mutuamente "mentirosa y ladrón". Ningún partido, con más o menos diplomacia, ha quedado exento de este 'juego de la democracia'. 

La supuesta fiesta de la democracia se encuentra en fase de 'after hour'. El nivel de las campañas políticas deja mucho que desear y el arte de la acusación rigurosa ha degenerado en una conversación de pelea en patio de instituto. Con discursos tan superficiales no cuesta entender que el manifestarse contra la corrupción sea visto como uno de los puntos del programa, cuando esto es algo que debería haber sido asumido desde los orígenes del poder y sus formas. Sin embargo aquí estamos, con una promesa de llegar al poder para corromper ni defraudar, y con las farolas de las calles enmascaradas, cono una persona muy querida dijo una vez, "de promesas que el tiempo y el viento se llevarán".Pues eso, el tiempo. El tiempo y las farolas, mudando de rostro cada cuatro años, darán su lección. 

lunes, 20 de abril de 2015

El banco

Hay espacios en la ciudad que resisten a la tiranía de lo inmediato, la prisa, el estrés. Recovecos entre paredes de grandes edificios, a la orilla de grandes avenidas o entre esquinas de rondas y de ramblas. Allí, el tiempo parece detenerse y las horas son absorvidas por el hábito de una rutina diferente y la espontaneidad que siempre ofrece el momento. Es el caso de la plaza que lleva el nombre del novelista i escritor de teatro, Josep Maria Folch i Torres, en Barcelona. Los días van y vienen para un pequeño grupo de personas que suelen concentrarse junto a la pista rectangular de arena, en el lado de la plaza que da a la Ronda Sant Pau. Algunas de ellas viven en la calle y otras tienen arreglado algún alojamiento con los servicios sociales o bien, con amigos y conocidos. 

Pinchos en el muro de una pared (somosmalasana.com)
A diario se reúnen en la plaza para charlar, beber o dormir en el colchón de arena y junto a la despreocupada vigilancia de un compañero o compañera. Y ante ellos, el impasible vaivén de una sociedad atrapada en su rapidez, que camina a toda prisa hacia adelante, sin mirar a su alrededor. El pequeño grupo de personas permanece de pie en todo momento y cuando el cansancio sobrepasa las fuerzas, entonces buscan apoyo en las maderas que delimitan el recinto arenoso. Unas maderas viejas y muy finas, que tan sólo cubren media nalga del asiento de una persona. 

Hace unos meses había un banco justo delante del arenal. Era habitual encontrarlos sentados, apretujadas las piernas entre sí. Se levantaban y se sentaban sin miedo a que nadie ocupase su asiento, puesto que, en una sociedad donde tan sólo hay tiempo para consumir el propio tiempo de manera más rápida e inmediata, ¿quién iba a querer sentarse con ellos? Reían, charlaban e incluso a veces cantaban. La estampa parecía la típica portada de los grupos pop-rock de los 90, con cinco músicos sentados en un banco para tres personas y además, con alguna guitarra perdida en las manos de alguno.

Un miércoles, a mediodía, se presentó una brigada municipal de limpieza.Los monos verde fosforito llamaron la atención de los ocupantes del banco. "Tienen que marcharse del banco", espetó uno de los técnicos con una manguera de agua a presión en la mano. Ni siquiera bastó un 'porqué'. Las miradas de los ocupantes ya lo reclamaban. "Volveremos a instalarlo", dijo el hombre. 

No sé si queda noción de ello en la mente del pequeño grupo que todavía hoy se junta en la plaza. Hasta qué punto un banco merece formar parte de la memoria histórica de una calle tan transitada como la Ronda Sant Pau en Barcelona, no puede conocerse. Pero detrás de ese banco hay unas personas y con estas, una historia humana. Por lo tanto es digna de ser descrita.

Bancos divididos (vozpopuli.com)
El Ayuntamiento de Barcelona ha manifestado varias veces que rechaza el urbanismo llamado defensivo, que se dedica a eliminar o bloquear los espacios públicos que ofrecen descanso en la vía. En otras palabras, los bancos, reposaderos, muros y repisas, oquedades,etc..todo aquello que permita a las personas detenerse en el transcurso del día a día de la ciudad y, en el caso de aquellas que se encuentran en situación de sin hogar, encontrar cobijo donde dormir o resguardarse. El urbanismo defensivo se encarga de inhabilitar estos espacios a través de una eliminación sistemática (como es el caso del banco en la plaza Folch i Torres) o bien, instalando toda clase de elementos (pinchos, cenefas, plantas, esferas de hormigón, sillas individuales...)  para anular así la función que podían desempeñar.

Una visión del urbanismo que engaña a la sociedad con el falso paradigma del diseño, la higiene y la sofisticación de las calles, cuando lo que en realidad fomenta es una mayor imposibilidad a la hora de establecer comunicación y relación con otras personas, y la privatización indirecta del espacio público (si te quieres sentar tiene que ser en un establecimiento, previa consumición). El mayor efecto de perversión de la idea  que se traduce en el hecho de desplazar aquello que resulta 'feo' para la ciudad o que puede afectar negativamente su atractivo. Es decir, el sistema ha decidido tomar unas personas y catalogarlas como 'excedentes', 'sobras', y ahora deben ser eliminadas de cualquier recóndito en el que puedan esconderse para no alterar la supuesta belleza urbana. 

No es únicamente un banco arrancado de un parque. Tampoco unas personas de pie que antes se podían sentar y tumbar. Es la evidencia de la apuesta que se realiza en materia política y, más allá del olvido, la destrucción de la sociedad en su base; esto es, las personas.

viernes, 10 de abril de 2015

Carta oberta a David Fernàndez

Benvolgut David, 

encara tinc molt fresc el record d'una xerrada teva a la Universitat Rovira i Virgili, en una de les classes del professor Antoni Batista. Confesso que em va sobtar escoltar les teves paraules de convicció i el teu estil juvenil i proper. Una experiència que he pogut tornar a viure aquesta setmana, tot i que no de forma tan directa, gràcies a una entrevista que et va fer Fra Josep Manuel Vallejo a finals de març d'enguany. Continuo sentit la teva proximitat, les carícies del teu discurs, el teu missatge agosarat pels que s'autodenominen mestres de la llei.

Fas bé en ressaltar l'importància de la quotidianeitat i parlar d'ella com el terreny principal on desenvolupar les accions que tombaran el vell sistema feudocapitalista i, per conseqüència, donaran un gir al funcionament del món. Si tots haguéssim d'esperar-nos a assolir el control del poder per encetar processos de transformació, crec que ara mateix ens trobaríem molt a prop d'un col·lapse social absolut, i s'acabarien de generar distàncies molt difícils de reconstruir a la relación entre les persones. I és que vèncer el sistema, aquesta cultura del 'jo', el 'meu' i la guerra política i econòmica contra l'alteritat, és no girar la mirada quan sortim al carrer i ens trobem de front amb la violència, la pobresa i qualsevol esgarrifant format en què es presentin la desigualtat i la injustícia, com certament dius. 

M'agrada que t'agradi tant la figura de Jesús, no ho puc deixar córrer. No dubto pas que l'admiració que expliques sentir pel seu testimoni és natural, sincera. Tot el contrari que aquells que s'omplen la boca dient "sóc cristià" i mentre amb una mà se senyen, amb l'altra estan signant l'opressió i el desajustament social. Com diria Gorki (a mí també m'influeix molt la literatura russa de principis de segle i de la revolució), ells són 'estèrils d'esperit'.

El punt on discrepo, amb tots els respectes, és en la qüestió de la divinitat. Trobo que el testimoni de Jesús té implícita la seva declaració com a Déu fet home amb l'objectiu d'exposar a la fusta de la creu un acte d'amor per tot el conjunt de la humanitat, certament incomprensible per a nosaltres, però amb un propòsit evident de reconciliació entre Déu i les persones. A partir d'aquí, l'autocrítica és més que necessària i el cristianisme, com a moviment religiós social organitzat, ha comès molts i greus errors. En totes les seves vessants. Per exemple, Gandhi ha rebut una clara inspiració cristiana però va decidir no ser cristià després de veure com les esglèsies de l'estat d'apartheid sudafricà també practicaven la distinció entre les persones. Tot el contrari del que es reflecteix al verset de Romans 2:11. O per exemple, agafant un dels moviments que cites a l'entrevista, la teologia liberal. Proposa un èmfasi completament necessari en mostrar la voluntat d'actuar per tal que el Regne de Déu (com a supòsit de perfecció absoluta) vingui a la terra. El mateix que Jesús diu quan ensenya el 'Pare nostre' als deixebles, dient "vingui el teu Regne" i "que la teva Voluntat es faci així a la terra com al cel" (Mateu 6:9-13). En canvi, alguns dels teòlegs més destacats del moviment defensen paral·lelament un ús de la violència per tal d'assegurar-se obtenir el poder. Plantejament que suposa una greu contradicció contra els paràmetres de la pau que estableix el mateix Jesús. Per tant, és visible que el moviment religiós-social del cristianisme també ha comès molts errors. Ara bé, no crec que sigui correcte, basant-nos en aquests exemples, desplaçar l'aspecte teològic del testimoni de Jesús i focalitzar-nos únicament en la seva acció social, ja que són elements complementaris l'un de l'altre. No es pot entendre el personatge marginant una de les seves dues línies discursives i d'actuació. 

Amb això no pretenc en absolut posar en dubte la teva fe. Considero que l'ateisme també és un moviment religiós-social organitzat d'una forma molt heterodoxa i amb un caràcter molt heterogeni. A l'igual que qui creu en Déu, la persona que el professa també requereix de fe per creure que no n'hi ha de Déu. La bellesa en les relacions conflueix en un punt del que gaudeixo veient el valor tan profund que li atorgues: el respecte. És l'eina que ens permetrà no oblidar-nos mai que som germans i germanes els uns dels altres i que podem i hem de compartit aquest sentit de comunitat que tant remarques al teu discurs. 

No m'acomiado sense agrair-te la teva fe, la teva preocupació i acció pel compliment de la justícia en tothom i, una vegada més, la teva proximitat que em permet escriure't avui.


jueves, 26 de marzo de 2015

El niño amarillo nunca se fue

En todas las facultades de periodismo se dedica un capítulo especial a explicar el fenómeno Yellow Kid, dentro de la historia de los orígenes de la prensa moderna. Este personaje pueril y vestido siempre de amarillo, perteneciente a la tira de cómic Hogan's Alley que apareció primero en la revista Truth y después en los archirrivales New York Journal (William Randoplh Hearst) y New York World (Joseph Pullitzer), siempre andaba metido en las peleas y enfrentamientos del callejón de al lado de su casa, utilizando un lenguaje muy peculiar y, por lo general, mostrando la típica vida de un barrio metropolitano en los Estados Unidos de finales del siglo XIX (1894-1898). En términos periodísticos, se le conoce como el padre del sensacionalismo. De ahí su especial relevancia a la hora de estudiarlo. 

Portada de El País 25-3-2015  (kiosko.net)
El legado que deja Yellow Kid consiste básicamente en focalizar la atención en aquellas noticias consideradas como 'sucesos' y que muestran siempre una temática alrededor de la muerte, el secuestro, el asesinato, las catástrofes naturales, etc. Todo ello intentando dotar al discurso informativo con un marcado tono emocional, que pone el acento en las reacciones que las personas muestran al sufrimiento.En otras palabras, sensacionalismo.

Estos últimos días, con el trágico accidente de avión en los Alpes franceses, ha podido observarse en muchos medios de comunicación una clase magistral de como hacer Yellow Kid, o sensacionalismo. Por supuesto que hay muchos profesionales rigurosos y serios trabajando en la investigación de los hechos por tal de hacer llegar toda la información a la ciudadanía. Pero también han vuelto a aparecer los titulares que recuerdan a nombres de películas de domingo por la tarde, y las portadas que buscan la lágrima fácil y el impacto del público a través de imágenes de los familiares de las víctimas.

Portada de El Mundo 26-3-2015 (kiosko.net)
Las redes sociales se han llenado de mensajes de muchos profesionales del periodismo que reclaman la necesidad de reconsiderar hasta qué punto es necesario mostrar el dolor en la pantalla de la televisión, en el papel o bien a través de las ondas radiofónicas. Después de tragedias como la ocurrida en los Alpes toca analizar de qué manera los medios de comunicación espectacularizan el sufrimiento de las personas y lo banalizan con la única consideración de obtener más audiencia. Se ha educado al público en la costumbre de unas informaciones morbosas y que parecen no tener límite a la hora de inmiscuirse en el ámbito íntimo y personal, por eso la empresa que consiga reunir las imágenes más impactantes será la que obtenga mayor audiencia. 

Esto no tiene que ver nada con el periodismo, ni con la voluntad y el arte de informar. Por el contrario, es grotesco fijar la cámara delante de un rostro desconsolado y que no puede reprimirse en esa situación. O publicar las fotografías y los nombres de las víctimas que iban en el avión. Es necesario preguntarse qué valor aporta a la información esos datos. Si es nulo, ¿entonces por qué publicarlo? El legado de Yellow Kid es una imposición que se ajusta básicamente a parámetros económicos, es decir, a ver qué empresa se lleva la mayor audiencia y todo lo que ello comporta (publicidad, visitas en la web, mejor posicionamiento, etc.). No hay nada de periodismo en ello. Desde el sector periodístico y de los medios de comunicación, por lo tanto, es necesario reflexionar hasta qué punto el sensacionalismo impone sus intereses sobre la buena información, y cómo en este clima de tiranía económica es posible combatir con la idea de que la noticia, sin 'carne', sabe a poco.