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lunes, 12 de junio de 2017

Supernova busca un espacio en el que explosionar

Creo que somos como supernovas. Debemos ser productores de alguna clase de luz propia, combustible y limitada, manifiesta en todos y cada uno de nuestros movimientos. No estoy hablando ahora en términos espirituales, sino en lo que se refiere a la mera existencia. Vuelvo del trabajo a casa en bicicleta. En los bancos que hay de espaldas al carril, justo al lado, una mujer se come un helado a media tarde mientras un bebé duerme en su carro, ajeno al mundo entero y toda su magnitud, y más adelante dos adolescentes se miran con esa mirada tan bonita y propia de esa edad. Por eso, no es un anuncio pasivo el decir que una supernova busca un espacio en el que explosionar. Es un mensaje absolutamente activo, que requiere de iniciativa y lo más importante de todo: voluntad. 

No es que piense que somos como supernovas únicamente por la clase de luz que se puede desprender de nuestra actividad. Nuestra apariencia existencial también me lo sugiere. Hemos aparecido de pronto, en un momento determinado, cubriendo un vacío que antes no se completaba de nada más que semejante. De la misma manera, mientras venías en bicicleta o estaba sentado en el tren observando el vagón (y no el paisaje), he comprobado imágenes de seres que no se habían proyectado hasta ahora en mi camino y que puede que no lo vuelvan a hacer jamás. Pues eso, como una supernova. Pero en un fenómeno carnalmente más cercano, más entrañable de lo que sería poder llegar a ver una explosión en el espacio, con todo su color y su esplendor. 

Sin embargo, considero que hay algo que nos hace extremadamente similares a una supernova y su proceso, convirtiéndonos, quizás, en una gradación o en un determinado porcentaje del carácter de ésta. Me refiero al hecho de explosionar, o explotar (la primera forma de la palabra tiene una mayor connotación cósmica) ¿Acaso no construimos nuestro propio universo, nuestra propia realidad estelar a partir de explosiones? Me temo, o me alegro, que sí. Incluso cuando no nos damos cuenta de ello. 

Al igual que los albañiles que también he visto pasar mientras iba en el tren, con su mecánico sistema de ubicación y fijación de las tochanas, van alzando una pared, una casa, un castillo, también nosotros viramos alrededor de unos presupuestos 'marca de la casa', autofabricados en base a lo que consideramos que puede servirnos para este objetivo. Experiencias, acciones, recuerdos, conocimientos o emociones, son tomadas como notas de nuestra canción, para alimentar y ornamentar nuestros ritmos y acordes. Y, de repente, todo salta por lo aires. Porque el mayor error, creo, que puede cometer una supernova, o aquello que se le asimile en esencia, es olvidar que estallará. Y a esto añado la idea de que nuestros propios universos construídos son carne de cañón de supernova. Un elemento pajizo que revolotea una hoguera.

No quiero transmitir una visión negativa de estas explosiones. Siempre he considerado que un estallido a tiempo puede salvar gran parte de una vida, sino entera. Obviamente no me refiero a explosiones físicas y reales, sino al desarme de toda una ficción cognitiva tras la que no escudamos, en muchas ocasiones, bien para observar, bien para tender una mano o bien para pedir una disculpa que apacigüe al universo entero. Por eso, el anuncio de "Supernova busca un espacio en el que explosionar" es una declaración de intenciones que demanda acción, y no una espera a que surja un lugar y un momento en el que, como sucede con las supernovas reales y todas su simple grandilocuencia, sencillamente sentarse a estallar. Me gusta pensar que la explosión sin construcción previa es un vacío destructor.

sábado, 1 de abril de 2017

La danza del ser

Un largo paseo, sin prisa, por una larga playa, sin final, en un largo silencio. No es más que un sueño, aunque es posible que últimamente se hayan alterado los límites entre mi percepción de la realidad y los sueños. Hoy no escribo por nada más que por escribir. Porque así me alejo de mis circunstancias, de la situación, y me recuerdo a mí mismo que no es ésta la que me define, sino lo que soy. Porque no nos reconocemos en aquello en lo que estamos. Ni siquiera en lo que podemos llegar a convertirnos, sino en lo que somos.

Siento como mi ser danza. Y no hablo de la estampida tan variada de emociones que pueden recorrerlo a uno durante la semana. Precisamente, creo que hay muchas emociones que están sujetas al escenario en el que nos encontramos. Me refiero a todos esos movimientos que te conducen a la plenitud. Porque la plenitud es espontánea e imprevisible, pero completamente conocedora de su esencia y con un carácter perfectamente definido. En mi caso, como siempre recuerdo, esos movimientos están ligados a mi fe en Jesús, la plenitud para mí. 

Me gusta el periodismo. De verdad que me encanta. Pero ahora comienzo a preguntarme si lo que yo había entendido como periodismo es diferente de lo que me estoy encontrando hasta ahora. No quiero volver a hablar de precariedad, de alter egos y de señores y señoras de la guerra de los medios. Tan sólo expreso mi confusión ante un escenario que no da respiro. Y mi cansancio, aparte de emocional, también necesita respirar. Eso es lo que me lleva a pensar si se ha alterado mi percepción entre realidad y sueño en relación con el periodismo.

Supongo que también hay lugar para dilemas durante la danza del ser. Pero ¿acaba en algún momento esta danza? Si he comprendido lo que creo que significa, espero que no. Imagino que los dilemas sí. Por eso intento no preocuparme demasiado y trato de vivir las circunstancias, el momento, no en base a lo que ellas me dictan que sea, sino como soy. Qué fácil me ha quedado escrito aquí y que complicado es cuando estoy lejos de este espacio. 

Quizás este soñando en este momento, o no. Perdón, no quiero añadir gratuitamente misterio al texto porque yo no soy misterioso. Tan sólo quiero escribir, tal y como me dicta esta danza que experimenta mi ser. Con influencia de las emociones, sin duda, pero con la mira en esa plenitud que es el fin de esta baile.

sábado, 11 de febrero de 2017

Insaciable

He decidido liberar mis sueños para que puedan ir al lugar que les corresponde y que ahora desconozco. Liberarlos y liberarme, porque lo cierto es que últimamente me han resultado pesados. No se trata de una renuncia. Quizás haya sido el planteamiento de sueño que hace nuestra sociedad, como si se tratase de una línea limítrofe cuya consecución define la diferencia entre una vida de fracaso o de éxito. Y en un contexto tan emotivamente opresor, a veces lo mejor es alejarse. O alejar el objeto del enfoque de esa opresión. 

Me resulta demasiado simplista el razonamiento que trata los sueños como si fuesen algo que sencillamente hay que cumplir para obtener un estatus mayor de felicidad o realización personal. No deja de ser otra muestra de esta idea de acción-reacción en la que vivimos atrapados constantemente. Quiero que mis sueños me acompañen toda mi vida. Que aprendan a alejarse cuando sea conveniente y a desaparecer si la ocasión requiere de un sacrificio superior. De hecho me niego a convertirlos en otro eslabón más de este entendimiento tan banal de las diferentes realidades del mundo. 

Parecemos educados para construir nuestras vidas alrededor del trabajo. Incluso nuestros sueños. Hasta el punto que estos se acaban solapando y perdemos la noción que diferencia un elemento del otro. Esto es lo que me hace sentir cargado. Me cansa, tanto como lo hace el abanico de analistas políticos que monopolizan todos los canales de difusión, con un egocentrismo que me supera, para decir lo que quieren decir sin preguntarse si es lo que se necesita o no. 

A veces me descubro a mí mismo insaciable ante esta realidad. Con ganas de devorarlo todo. Sueños, trabajo, relaciones, y todo bajo esa idea de que necesito alimentarme. Entonces sé que ha llegado el momento de alejarse. De retirarme del monstruo de la actualidad. De la cultura del ego. De los analistas políticos que monopolizan todo el espacio. De mis sueños, que se han fusionado con el trabajo e intentan atormentarme para que los sacie. 

Y nunca estoy lo suficientemente lejos. Pero cuando a veces consigo distanciarme, por poco que sea, me doy cuenta de que todo es una ilusión. Una cruel ilusión sistémica que ha establecido un orden de vida salvaje y egoísta, cruel e impúdico, en el que todo se construye alrededor de la necesidad de saciar el apetito y la sed propios, que no conocen límite. Desenfrenado. Insaciable.

lunes, 19 de diciembre de 2016

En el periodismo también hay clases

Nunca hubiese creído que también hay matones en el periodismo. Y no me refiero al tópico de adolescente, con el flequillo cruzado encima de la frente, quizás un pendiente o dos en una oreja y los pantalones por las rodillas. Me refiero a esa clase periodística a partir de la media-alta que utiliza el oficio como teatro de sus egos y fantasías, sin detenerse a valorar costos ni consecuencias. Esas y esos romanticones, que afrontan los retos y problemas de la profesión con filosofía mala y barata. Que impregnan periódicos, micrófonos y pantallas con su criterio como una norma básica establecida, como una fuente de rigor, como una especie de línea de las líneas editoriales. El motor del periodismo. Lo que mueve al medio de comunicación en cuestión.

Tampoco utilizan de esa violencia típica en los matones de instituto, ni de su intimidación. Pero sí son violentos e intimidatorios. Su modus operandi consiste más bien en el ataque psicológico. Sé que esto suena muy paranoico pero intentaré demostrar que no lo es. Al menos tal como lo entiende y me afecta. Es sencillo, desde una posición más elevada, por muy pequeña que ésta sea, infligir un daño psicológico a quienes se encuentran en una situación vulnerable o, simplemente, ostentan una posición menor en el sistema de clases organizado, incluido el mundo profesional. En el periodismo, también, sus matones actúan así para minusvalorar el trabajo de los equipos humanos que los rodean y evitar que su criterio pueda verse rebatido en algún momento, en tanto que el resto de personas anda preocupada esforzándose todavía más para demostrar la valía de su trabajo.Soy consciente de que se trata de un ejemplo algo pueril, pero quizás también sea de los más habituales en las redacciones. 

No se trata de que el oficio deba ser una confrontación constante de criterios, pero se ha eliminado en gran parte la capacidad y el espacio que permite dialogar y, en definitiva, ser ejemplo ante las estructuras  jerarquizadas tan habituales. Y quienes han eliminado este elemento que, sin duda, podía ser diferenciador respecto a otros oficios, lo han hecho para mantener un estatus. No sólo por mantener un criterio propio por encima del resto. El criterio, al fin y al cabo, se ha desplazado hacia un lugar secundario. Lamentablemente el oficio del periodismo está sujeto a muchos elementos tentadores y diferentes vías de perdición. La televisión, en sí, es la que más, juntamente con los nuevos canales a través de la red. Es un mundo plagado de nombres, de cargos y de eventos con los que inflarse el ego y seguir alimentando esta manera de proceder, este sistema de clases que genera brillos, por una parte, e invisibilidades por otra. 

De esta manera el oficio viene a ser mucho más pequeño de lo que en realidad es. Se limitan sus posibilidades. El matón, o la matona, del periodismo se hace a sí mismo techo, es decir, viene a ser el límite máximo del crecimiento profesional dentro del espacio que comparte. No importará que hayan otros criterios, incluso más válidos o con mayor perspectiva social que el suyo. Si comienzan a crecer, tarde o temprano se toparán con ese límite, con ese falso techo que ha sido incapaz de renunciar a sí mismo para dejar que el oficio se siga desarrollando. En el debate, juzgará sin piedad a quién se le oponga, ridiculizando y menoscabando la opinión exterior, el planteamiento foráneo, tan sólo alimentándose cada vez más de sí mismo, y de su posición que le permite acceder a ciertas fuentes y realizar según qué entrevistas o reportajes. Y así, es cómo muere el oficio. Cómo se mata el periodismo para convertirlo en un erial de intereses e interesados. 

Muy lejos queda el propósito original del oficio, que implica la renuncio y el sacrificio personales en cierta medida. Se suponía que los periodistas no debíamos escribirnos un perfil para la historia, sino transmitir la historia al resto de la población. Se suponía que debíamos destapar lo oculto, y no encerrarnos con ello. Se suponía que debíamos representar las demandas populares de control político, y no hacernos amigos de la corbata, a ver si así nos concede la entrevista. Se suponía que debíamos poner el poder de la información en las manos más de los débiles, y engrandecernos a nosotros mismos. Sin duda, estamos fracasando.


sábado, 5 de noviembre de 2016

Fragilidad

Soy tan frágil como lo demuestran mis palabras. Todas y cada una de ellas. Incluso estas mismas. Con sus luces y sus sombras. Los altos y los bajos. Su épica circunstancial y su idiosincrasia prudente. Todo ello cristal. Vidrio maleable al calor del fuego. Un activo insumiso y sujeto, al mismo tiempo, a la violencia del momento. Y es que se me pide que escriba. Me lo pide el espíritu. Me lo pide la supuesta responsabilidad de una rutina que ha de "darme el sustento". Y ante toda esta visión paradójica, me descubro frágil.

Se me pide que escriba contra el sistema. Contra el capital dominante y el (neo)colono imperialista. Contra el vecino de escritorio que no satisface su opulencia egocéntrica y sigue con la disposición del prejuicio. Se me pide que escriba contra mí mismo, cuando me canso y me dejo llevar. Cuando, saturado, acepto lo inaceptable y curto mi piel para insensibilizarla de todo lo que me debería inquietar. Contra el "yo" repentino y mediático, que creyendo jugar a la trampa de la ley que nos ordena, es cazado sin darse cuenta.

Se me pide que investigue al político, al cargo público en su acción. Y cuando encuentro una diana sobre la que lanzar se me exige una falsa misericordia, de conveniencia, con una palmadita en la espalda. Se me pide que busque y muestre el hecho, el acontecimiento, en su justo esplendor, pero después se me pasan cuentas por las formas y se me recuerdan los límites. Vuelvo a pasar por esa camisa a medida que muchos llaman "periodismo". Yo aún no he encontrado un nombre para algo así. Pero barajo algunas opciones, como "informismo" o "noticismo". Creo que hay una diferencia grande entre limitarse a informar de algo y hacer periodismo.

El mundo me pide el oro y la cima de la montaña. La exclusiva y el titular. El perro de presa y el tweet. La pregunta incisiva y la barba recortada. Que cargue con lo incómodo y, al mismo tiempo, una foto en facebook. Al fin y al cabo, todo ello me parece un teatro extraño y malvado, pero premeditado y con la función de no generar más desmarque del conveniente. Un juego que te embiste entre el plasma y el clic del ratón.

Cómo no voy a ser frágil ante esta confusión, este panorama de decepción y sorpresa, de poder y sometimiento, de hipocresía e integridad. Sin memoria, cuesta creer que nada de esto sea nuevo. Y no es más que el mismo y único capítulo del libro que está ahora abierto sobre la mesa. Pero éste está cerrado ante algunas líneas universales. Como, por ejemplo, que ni el empleo, ni la rutina ni la puesta bajo presión constante para "evaluar" nuestras capacidades de reacción, jamás nos definirán. Siento que en la fragilidad encuentro la fortaleza, una fuga de la presente y próxima opresión hacia lo que dignifica, en medio de este escenario con delirios de grandeza.

sábado, 1 de octubre de 2016

Yo, el asalariado

Me levanto a las 06:20h cada mañana, de lunes a viernes. Por motivos personales, me he tenido que ir a vivir a cien kilómetros de mi trabajo. Me visto, desayuno un tazón de cereales con leche y me marcho de casa, para ya no regresas hasta las diez y media de la noche. Primero cojo una bicicleta. Después, el tren, que acostumbra a robarme entre dos y dos horas y media de mi vida cada semana, por culpa de los retrasos. Impunidad, ante todo. Como mucho te devuelven un billete para otro viaje, aunque no tengas que ir a ninguna parte. Y da gracias. Una vez me bajo del tren, tengo un cuarto de hora para saludar a mi padre y preguntarle qué tal le va. A esa hora esta sólo, porque mi madre también se ha ido a trabajar. Después cojo mi coche y voy para el trabajo. Allí estaré las próximas diez, o quizás once, horas. Si bien, sé que iré a otros lugares en el mismo día, pues el trabajo lo exige, no deja de girar todo alrededor de una rutina monótona y que se arrastra sobre sí misma. 

Un comunicado de un ayuntamiento, unos vecinos que se quejan porque han sufrido un corte de luz o un nuevo proyecto de solidaridad. Nada más. Tras esta estela las semanas se van quemando, una tras otra, en un fuego incontrolable e incalculable. Al llegar a casa cada noche no puedo hacer más que intercambiar unas palabras con mi mujer, comer algo e ir, irremediablemente, a dormir mi cansancio por unas pocas horas. Sí. Sin saber cómo, me he convertido en un asalariado. 

Pagamos el alquiler, el agua, la luz y el gas. Comemos. Y un fin de semana, esporádico, vamos al cine. Mientras cenamos hablamos de documental social,  de reporterismo humanitario, de reportajes que aún no se han hecho y que están esperando a dos jóvenes ilusionados y entregados como nosotros. Pero al día siguiente, cada uno despierta a su rutina. A sus hazañas del día a día. Sus propias penas y glorias. Despertamos a la conquista, un nuevo asalto, de un mundo capitalista que se define ante nosotros, salvaje, inexplorado. Pero las horas pasan, y decaemos. En la pesadumbre que nos acompaña, parece que por destino. En el agotamiento físico y el desbordamiento mental. Y, por supuesto, la fatiga emocional. Al llegar a casa nos descubrimos deshechos, el uno al otro, y al mundo tan firme en su proceder, tan quieto, tan invariable. 

Me pregunto qué es lo que se requiere de mí. Hasta cuándo podré aguantar este ritme de producción. Si en algún momento se vendrá abajo la máquina que han creado de mí. Y entonces qué. Es injusta y difícil la vida del asalariado de hoy día. Amarga derrota a la que se refería Warren Buffet en su empeño por la guerra de clases. Lo que llevo peor es que me hagan creer que debemos dar gracias por no trabajar quince horas en un campo de cacao, a pleno sol, y por unas monedas. Indudablemente que hay grados de explotación. No soy cínico ni tampoco ciego. Pero, en cualquier caso, ¿no son todos ellos fruto de lo mismo? 

Sin duda alguna del sistema. Un sistema, pero, que se hace más crudo en sus propias entrañas, en la corta distancia, en el cara a cara, en la empresa pequeña y el ámbito cercano. Aquello que parecía indefenso. Que te había de cuidar. La puerta de entrada del asalariado, a través de la cual se le podrá generar la falsa expectativa de ascender, pero siempre anclándolo a los mismos tropezaderos del camino. 

 No queríamos ser ricos. Tan sólo vivir, y compartir de nuestra vida con los demás. Y luchar por algo más justo. Un sistema, un producto. Lo que sea. Pero equitativo y sin explotaciones de ningún grado. Sin embargo, me he visto arrojado a comer las migajas de las mismas manos sucias de siempre. Sí, soy un asalariado. Sin hipotecas, ni créditos, ni lujos. Pero un asalariado. Como todo el flujo de personas que mueve este planeta. Asalariado también, por cierto, del trato al que es sometido.

viernes, 20 de mayo de 2016

Carta a Anna Gabriel

benvolguda Anna,

t'escric amb la certesa que aquestes línies aniran a parar al teu dispositiu mòbil, ordinador o l'eina que facis servir més habitualment, donada la teva actitud constant de proximitat a les tantes i tantes veus anònimes que poblem aquesta terra. Ja ho vaig fer amb l'ex-diputat, David Fernàndez, i, tot i no haver obtingut resposta, vaig rebre un "m'agrada" a twitter. Fet que, sense ànims de semblar irònic, em va consolar en certa manera. En aquest cas,  escric arran d'unes declaracions realitzades a RAC 1, després del rebombori que es va muntar per les imatges d'una parella practicant sexe a una estació de metro de Barcelona. 

En primer lloc celebro que creguis que no calia dotar de tanta magnitud a un tema tan irrellevant, amb matisos, és clar. Dic matisos perquè segueixo pensant que els mitjans de comunicació aprofiten qualsevol fet d'aquesta índole per allunyar la mirada dels problemes que realment afecten a tanta gent, com l'habitatge, la pobresa energètica i tota la llarga llista que, desgraciadament, coneixem i arrosseguem. Ara bé, l'acció d'aquella parella no és un acte que es pugui prendre amb caràcter innocent, perquè aquelles imatges representen la violència de la qual se suposa que tots en volem fugir. 

En aquelles imatges hi ha un dominant (el noi) i una dominada (la noia) que reflecteixen i evidencien idiosincràsia del masclisme establert i imperant a la nostra societat. El dominant tracta amb força i amb una actitud animalesca la dominada. No és un acte sexual comú, i molt menys és un acte amorós. És pornografia. Dura, violenta i gratuïta pornografia. Un viu paral·lelisme amb un dels negocis que mou més diners al món i que fomenta l'esclavitud d'éssers humans i el tràfic de persones. I que, per descomptat, degrada la figura de la dona i de l'home a mers objectes, desproveïnt-los de qualsevol valor, de la mateixa manera que ho fa un o una d'aquelles polítiques corruptes que tots us agraïm tant que denuncieu i ensorreu. Per la qual cosa, és un fet important si ens aturem a observar-lo des d'aquesta òptica. 

Però aquest no és el motiu de la carta, ja que, com bé dius, no deixa de ser una notícia sobredimensionada. Voldria concentrar-me en la continuació de les teves declaracions, on especifiques que la reacció de la caverna mediàtica és deguda al "puritanisme, la reacció conservadora i la moral cristiana regnant a la societat". Entenc que el context d'aquestes declaracions es produeixen en una emissora d'una família tradicionalment catòlica, conservadora, de dretes, burgesa, capitalista, neoliberal i, certament, reaccionària. Però tot i això, no puc evitar que em semblin injustes. Injustes perquè es torna a cometre l'error de la generalització desconeixedora de la realitat, en aquest cas amb el cristianisme. 

Amb tots aquells crisitians que també volem ignorar notícies així per a concentrar-se en el servei al col·lectiu social. Injustes amb tots aquells cristians que també som anticapitalistes, comunitaristes (que és el sentit original del que s'entèn per comunisme), tolerants, antisistema, crítics amb l'ordre de les coses establert, tal com ho era Jesús. Són injustes aquestes paraules teves, Anna, amb tot un col·lectiu que cada dia sortim al carrer per a reclamar justícia, per a servir a qui més ho necessita (i no per caritat, sinó amb amor i tractant de trobar una solució a la situació). Injustes amb qui entenem que no hi ha estima, amor, edificació ni cap benefici col·lectiu en aquelles imatges. Al contrari, segueixen sent el mateix de sempre. Segueixen representant el mateix de sempre. És Jesús, de qui he après aquests valors, molts dels quals penso que compartim. Per això, t'escric amb estima i cordialitat, amb la voluntat d'una edificació mútua, sense prejudicis ni bigues a l'ull, tan sols amb la voluntat de compartir les reflexions que van ocasionar en mi, cristià, les teves paraules. 

Gràcies.

jueves, 24 de marzo de 2016

La humillación

La humillación es vida. Creo que no hay otra acción que la de humillarse que puedaotorgar mayor grado o nivel de vida a nuestros actos, palabras, pensamientos o deseos. No se trata de la distorsión que hemos creado del concepto, elevando a primera acepción de la palabra el significado que hace referencia al hecho de humillar como algo que denigra, embrutece o minusvalora la dignidad ajena. Muy por el contrario, me refiero a esa versión de la palabra que se suele utilizar como sinónimo de sometimiento, pero a la que yo encuentro una mayor relación con el amor. 

El amor en su máxima práctica. ¿Qué podría ser, si no, el hecho de humillarse ante la otroriedad? Algo completamente puro, superior a lo superfluo y, por lo tanto a la visión que se puede desarrollar en la mayoría de ocasiones. En la humillación encuentro el amor con su valentía correspondiente; el amor con su misericordia; el amor con su sensibilidad. El amor con su principal esencia: apartarse, desaparecer, ceder, entregarse, renunciar a la ostentación de la prioridad para continuar amando desde otro lugar que pueda corresponderle. No creo que en estos momentos haya comprensión social para entender este tipo de amor y, aún más, desarrollarlo. No creo, si quiera, que la haya habido nunca. 

¿Y en cuánto al proceso de comprensión y aceptación de esta humillación? Si intentase escribirlo aquí estaría siendo un hipócrita porque en lugar de humillarme ante quien lea estas líneas, estaría intentando elevarme por encima suyo como una especie de gurú que ya ha alcanzado dicho nivel. ¡Cuán lejos estoy de ello! ¡Y cuán necesitado de humillarme llego a estar! Quizás no alcance a comprender ni a conocer cuánto en concreto. 

Si escribo estas escasas líneas sobre la humillación es gracias a Jesús. Cuando todo aprieta alrededor y la rutina alcanza extremos insondables, algunos de los entornos más cercanos a mí comienzan a viciarse y comeinzo a sentir rabia, ira, odio; cuando asoma la oportunidad de justificar mi autoengaño, mi teatro de arrogancias y soberbias, el lugar donde dar libertad desenfrenada a mi ego; entonces ahí aparece Jesús, lavando los pies de los apóstoles, callando ante Caifás, amando al joven rico. Su testimonio. Su amor. Su entrega. Su cruz. Su humillación. 

Y yo me asombro. Sin palabras para poder explicarlo, me descubro cayendo de rodillas ante todo ello. Y lloro. Y me apeno, porque sólo entonces empiezo a conocer mi necesidad de humillarme. De amar, de renunciar, de entregar. Sin límites. Sin ritos ni ninguna religiosidad que pueda estremecer el espíritu. Tan sólo él, Jesús. Y yo ante él. Pequeño, pero a la verdad grande. Acabado, pero justo recién comenzado. Humillado, pero vivo. Y vivo en amor.

sábado, 13 de febrero de 2016

Mi sesión final con Freud

El otro día me colé en el teatro, en un intento de conocer nuevos elementos sobre la personalidad y la historia de C.S. Lewis, en la obra La sesión final de Freud, en la que el personaje del profesor en Oxford co-protagoniza con el personaje del psicólogo Sigmund Freud. Una obra realmente increíble, que plasma con bastante fidelidad las ideas de los dos intelectuales y enfrenta sin prejuicios al cristianismo con el ateísmo. Todo ello enmarcado en un espacio que no varía, quieto e inánime, y con el peso y el ritmo que los dos personajes aportan a la trama. Una hora y cuarenta minutos de auténtico mérito, sin duda. 

Me llamó la atención comprender a un Freud desgastado por el paso del tiempo y la enfermedad. Aunque no pude evitar sentirme más identificado con Lewis, con quien comparto fe y a quien conozco mucho más. Aún así, me sorprendió la avidez con la que el creador de la obra utiliza la postura del ateísmo para desmitificar el cristianismo, más allá de las propias afirmaciones de Lewis. Como cristiano admito la idea que el 'cristianismo' que refleja la historia vivida no es más que otro movimiento ideológico más, que ha aportado sus beneficios y sus perjuicios a un mundo en el que ha gozado de gran importancia (especialmente en occidente). En efecto, otra estructura como el ateísmo, entretejida en un imaginario colectivizado muchas veces a base de palos y apaleados, pero también gracias a convicciones sinceras que incoroporan en sí mismas la necesidad de ser compartidas y que no son fruto de locuras, ni absorciones mentales, ni traumas previos ni autoengaños. Ahora bien, fruto de la postura que defiende Freud en la obra de teatro, se me plantea la siguiente pregunta: ¿somos todos los cristianos, pequeñas partículas de la comunidad descrita aquí? ¿Vivimos todos los cristianos ese cristianismo conveniente, conformista, adaptado, estructurado y segmentado en base a gustos, interpretaciones, ideologías y, por qué no, colores? Freud llama 'tenaz' a Lewis en la obra y me parece un adjetivo correcto (no peyorativo, evidentemente) para definir mi respuesta negativa ante estas preguntas. 

Soy cristiano y soy consciente de que no experimenté mi conversión para llevar una vida de 'adoración y continencia' místicas, dirigiéndome hacia un objeto, una imagen divina mitificada y sostenida por una épica sobrenatural. Creo que existe una ley moral que debe ser utilizada para distinguir el bien y el mal con todo rigor y espíritu autocrítico, especialmente. Y creo que comprendemos el sentido y el significado de esta ley moral al aceptar a su creador. A Dios. Un Dios que ha participado constantemente en los sufrimientos de la vida del mundo (como diría Bonhoeffer) hasta el punto de humillarse a sí mismo ante nosotros y morir por amor y remisión. La enseñanza de Jesucristo, de amar a los demás, como si tratase de nosotros mismos, no es utópica ni es un peso imposible de cargar por las diferentes generaciones y épocas de la humanidad. Precisamente eso es lo que la hace todavía más brillante: su sencillez y posibilidad.

Al llegar a este punto quiero aclarar que este cristianismo (creer en Jesucristo como Hijo de Dios y salvador) no ha menoscabado mis capacidades psicológicas ni mis nociones intelectuales. Tampoco es fruto de una experiencia terrorífica ni de un entorno condicionado. Snecillamente, me he descubierto arrodillado ante una serie de evidencias ante las cuales sólo he podido callar. Traspasado por un verdad que desconocía, inimaginable, inteligente, cuerda, sincera e irrefutable para mí. Evidentemente que esto no ha acabado con mi persona. Sigo teniendo miedo de la muerte. Y cuando me descubro, sólo, en mi habitación, utilizando mis recuerdos para encadenar una fatua línea de visión hacia el futuro, me acobardo ante según que y que posibilidades. Cada día sigo descubriendo de nuevo a Dios, y a mí ante Él, todavía más pequeño de lo que ya me consideraba. Mi idea acerca de Él está en constante variación, como explica Lewis en la obra de teatro. Y muchas veces me derrumbo ante la debilidad de mi ser, la soledad de mis sentidos, mi cobardía y mi inmadurez. Pero con todo ello, me siento firme y sensato en la fe. Terriblemente imperfecto, pero tranquilamente sujeto a Su restauración.

sábado, 30 de enero de 2016

Ensayo desde la extenuación

Soy tan efímero como mis momentos. O bien, mis momentos son tan efímeros como yo mismo. Vienen, se quedan por unos instantes, extraños no invitados, y se marchan, sin dejar goce alguno. Y no es el verlos circular lo que puede llegar a provocar el dolor, sino la toma de conciencia de que están entrando y saliendo de mí, sin llegar siquiera a permitir el plantearse algún gozo o algún sollozo alrededor de su significado. O quizás, es mi propia condición de efímero la que causa todo este vaivén insensible y soberbio. ¿Y, por qué no, fijarse también en las condiciones del entorno? ¿Acaso no es todo efímero ahí fuera? La rutina que me absorbe día tras día puede que sea la misma en esencia pero nunca lo es en forma, ofreciendo así esa falsa apariencia de aventura cotidiana. Y, en cuanto a los temas de primer orden en la opinión pública y colectiva, ¿el gen efímero no forma ya parte de la idiosincrasia política, económica y social? Las valoraciones sobre una posible coalición de partidos conservadores se truncan al día siguiente en pos de una guerra en las izquierdas por ver quién alza más alto su cabeza. Las frutas turcas que hoy se destruyen en la frontera con Rusia mañana serán inaccesibles por coste para muchas personas. Y, por último, las fiestas que durante todo el año se han preparado se queman con la primera llama de petardo, con la primera caja repicando ritmos monótonos. 

Es evidente que todo lo que vivimos es efímero, dado que lo que es efímero tan sólo puede garantizar su supervivencia a través de la repetición. ¿Puede que sea esta la causa de la falta del goce en mis actividades rutinarias? Aunque el efímero fuese yo supongo que también me estaría repitiendo para tratar de vivir un poco más. Lo cierto es que más allá de ser repetitivo, lo efímero es extenuante. Y es aquí donde cabe entrar en la reflexión acerca de la necesidad de sentir gozo en nuestras vidas. Cuando todo parece convertirse en una vana y efímera (pero constante) repetición, las capacidades del disfrute son anuladas y venimos a ser esclavos de una serie de símbolos e imágenes acerca de la realidad que, aunque presentadas en diferentes ocasiones y de distinta forma, no dejan de ser repeticiones. Repeticiones efímeras que sin embargo exigen de nosotros un esfuerzo físico y un desarrollo de las capacidades mentales que son únicos, que una vez pasados no volverán y, sobre todo, que una vez dañados difícilmente podrán restaurarse. Entonces, pese a nuestras consideraciones y autoengaños de dotar de importancia eterna aquello que es pasajero, no es el carácter de las cosas en esencia efímero un gran bucle destructor de la sociedad? Puede que sí. Si no, probablemente no existirían estas líneas, las cuales considero fruto del daño infligido por la repetición cotidiana de montones de elementos efímeros, que me hastían.

jueves, 31 de diciembre de 2015

A mis sobrinos


I., L., sois la imagen más próxima que tengo del futuro. Cada vez que os miro, lo recuerdo. Un bostezo mientras aparecen las blancas perlitas de vuestros dientes; vuestras manos cubriendo vuestro rostro cuando no queréis ver a alguien; la inocencia con la que os refugiáis en nosotros, los adultos, cómo si sirviésemos de escudo fiable. El futuro está en vosotros. No en lo que llegaréis a hacer o en lo que os vayáis a convertir, sino en vosotros mismos. En ésta, vuestra esencia más pura, tan plausible y sorprendente ahora para todos los que os rodeamos. 

Debéis saber que en el mundo os encontraréis a personas que se felicitan por fijar el límite del calentamiento del planeta en el que vivimos para 2050 en 1,5 grados más que la temperatura que tenemos ahora. Sonríen y posan ante las cámaras (sí, como con las que trabaja vuestro tío) asegurando que os están salvando a vosotros, al futuro, pero no les creáis. Tenéis que ser críticos ante cualquier acción que se reivindique en vuestro nombre o beneficio. Por desgracia, con el tiempo comprenderéis que el ser humano no es en general gratuito en ninguna de sus facetas. A mí me da la sensación de que en realidad están ajustando vuestra destrucción al milímetro, sin calibrar las consecuencias. Veréis también que existen las aguas de un mar muy cercano a vuestras casas, un mar oscuro y profundo a dónde muchos otros niños de lugares diferentes son arrojados sin importar qué les pueda llegar a ocurrir. Ni tan sólo, si pierden o salvan sus vidas. 

También llegará el día en el que comprenderéis que no vivimos en una esfera común, sino que estamos todos supeditados a una serie de escalones. Aunque en nuestro nacimiento somos todos iguales, veréis que vosotros os encontráis en el escalón más alto, el de arriba. No sé explicaros muy bien cómo habéis ido a parar ahí, ni quién os ha llevado hasta ahí, ni el por qué. Pero quiero que, llegado el momento, os fijéis que hay personas en los otros escalones, también sin saber por qué han sido colocadas en ellos, y que descendáis los escalones que sean necesarios, o las ayudéis a subir al vuestro, hasta que todos quedéis igual. Porque vosotros sois el futuro, una parte de ese futuro que se expande a lo largo del planeta. 

Queridos I. y L., habrá un día en el que saldréis a la calle y os daréis cuenta de que hay personas que están viviendo en ella. Se recogen del frío y se guardan de las miradas perturbadoras que muchas veces los adultos les lanzamos, pero no tengáis miedo. Ellas también fueron futuro, y lo siguen siendo. Os animo a acercaros a ellas e intentar conocerlas. Os aseguro que la experiencia no os dejará indiferentes y de esta manera podréis ejercer como futuro que sois, rompiendo los viejos esquemas de las mentes pobres que juzgan y condenan a todas esas personas sin entender. No creáis lo que la sociedad hace con ellas. No son invisibles. Su existencia es indiscutible y no han nacido para pasar desapercibidas. 

Crecéis, segundo a segundo. Os escapáis de nuestras manos protectoras y egoístas, que muchas veces os sujetan por miedo a perderos. Creced y procurad que vuestro crecimiento esté siempre ligado al amor, porque no hay fecundidad posible en las relaciones humanas sin amor. Empapad vuestro conocimiento de libros, llenaos de experiencias. Todo ello forma parte del futuro que sois y representáis. Pero por favor, no lo hagáis por vosotros, ni solamente por los que os rodean, sino pensad en los que han de venir. Aquellos que han de tomar el testigo del futuro de vuestras manos. Su margen de acción dependerá de la medida en la que hayáis cuidado de dicho testigo, y del estado en el que lo entreguéis. Y el éxito en este objetivo pasa por renunciar cada uno de nosotros, con amor y humildad, moldeando nuestras vidas para el bien colectivo. I., L, comprended que el futuro solamente será si es en común. Supongo que no os costará mucho encontrar la manera de ganar mucho dinero y asentaros en una vida cómoda y despreocupada. Pero no olvidéis que vivir, vivir sólo lo podréis hacer una vez y la manera en la que lo hagáis será de especial relevancia para todo el mundo.
Feliz futuro, queridos.

sábado, 31 de octubre de 2015

Cuatro ensayos cortos para otoño


Si la situación política de un territorio actúa, por lo general, como reflejo de la situación social de dicho emplazamiento, cabe pensar que la campaña para las próximas elecciones del 20 de Diciembre será un chabacano despropósito. Chabacano, en el sentido de que tanto los políticos como la población, de nuevo en general, han malinterpretado las nuevas herramientas tecnológicas de difusión y publicación de contenidos, y las han convertido en sencillos tablones digitales en los que aparecer bailando, mostrando un nuevo look, o bien debatiendo en tertulias en las que no se defienden programas políticos sino personalidades y alter egos. Y despropósito, en tanto que, en un contexto de crisis socioeconómica (desde 2007, el 10% de los hogares más pobres en España han perdido el 13% de su salario frente al 1,5% de pérdida del 10% de los más ricos), la política no está reflejando esta necesidad de equidad en sus acciones, sino que más bien la está propiciando. Por lo tanto nos encontramos con esta doble moral: por un lado, la escena política del estado se ha acercado a la ciudadanía en su razón de ser más vulgar y desprestigiada, conquistando votos a ritmo de El hormiguero o Don't stop me now. Por el otro, se ha situado más lejos que nunca de las carencias de las personas, impasible al sufrimiento, ya no ajeno sino propio, entiendo que una sociedad es la razón de ser de su propia clase política. 
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¿Es la soledad un estado anímico, emotivo o sentimintal, o se trata más bien de una situación? Está claro que la soledad puede alcanzar al ser humano tanto eventualmente como de manera crónica. Hay ocasiones en que se manifiesta con disiumlo y misterior, en tanto que podemos estar más rodeados que nunca de personas pero, en cambio, sentirnos aislados. Y no es únicamente por causa de la personalidad del individuo que ha de padecer (o gozar, eso ya es en función de las necesidades personales) dicho sentimiento o situación. Sin lugar a duda que este eleento tiene un valor determinante, pero comparte peso en la balanza con el contexto que está recibiendo tal persona. El factor externo siempre puede generar tanto atracción como el hecho de despertar la conciencia de que aquel espacio o ambiente no responde a la idea de compañía que aquel ser ha construído o imaginado previamente. Esta acepción provoca una dualidad en la idea de la soledad, convirtiéndola a veces en consecuencia del destino (por ejemplo, una pérdida), lo que puede responder tanto a un estado anímico como a una situación; y en otras, comprendiendo el concepto como una decisión propio o una imposición externa (po ejemplo, me encuentro en un entorno con el que no me identifico y decido apartarme), lo que pienso que atiende más a la asunción de una situación como consecuencia del propio carácter personal. 

Ensayos caen como hojas en otoño (Dani Vázquez,flickr CC)
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Esta semana recibí un planteamiento interesante. La persona con la que charlaba me comentó que le parecía fácil afrontar la muerte desde la perspectiva de una creencia en que después de ésta hay algo más y no sólo eso, sino que lo que viene después es mucho mejor que la vivencia presente. Ante tal afirmación se me ha despertado esta pregunta: ¿Sentimos los creyentes facilidad ante la muerte? La persona que ha entendido el evangelio y ha conocido a Dios posee, indudablemente, la esperanza de que existe un después a su situación actual, y que ese después se corresponde a la plenitud de todos aquellos factores que aquí, en la Tierra, escasean y permanecen incompletos, como por ejemplo el amor interpersonal, el valor de la equidad o la justicia. Partiendo de esta base, no pienso que los creyentes, en general, enfoquen la muerte desde una posición cómoda. Al menos aquellos que realmente han comprendido el mensaje del evangelio. Cabe recordar que en la oración que Jesús enseña a sus discípulos se pide a Dios que se haga su voluntad tanto en el Cielo como en la Tierra. Lo cual ya permite observar el carácter incansable de esta fe, por tal de aproximar tanto cómo sea posible el valor de la Tierra al del Cielo. Y esto no es tarea sencilla. Al contrario, estoy convencido de que todos los que hemos enterrado nuestras manos en dicha labranza nos hemos encontrado con un peso que nadie más, aparte de Jesús, ha cargado. Y ya no sólo por nuestra propia salvación, sino cediendo muchos pensamientos a todas aquellas personas con las que hemos interactuado aquí. Por lo cual la muerte no es nada fácil para aquellos que se han comprometido a dedicar su vida para acercar su entorno más próximo (y el mundo, puesto que el mundo se compone de entornos) a la esperanza de plenitud posterior que les otorga su fe. En realidad, acostumbra a alcanzar por sorpresa, de forma inesperada, porque entendemos que siempre queda trabajo por hacer aquí, en el mundo. 

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El valor de la solidaridad se encuentra seriamente menoscabado porque, una vez, hemos malinterpretado el desarrollo. El avance de la tecnología masiva de difusión ha sido tomado como herramienta para alimento de los egos personales. Para publicar una fotografía, firmar un artículo, o promocionar el último vídeo en el que hemos participado o aparecido. No deja de sorprender el desconocimiento o la permisión con la que nos hemos arraigado a estas actitudes, de máscaras y enmascarados. Y aunque es evidente que la determinación de esta conducta resta a juicio de cada uno, no es difícil observar cómo el amor, la desesperación, una simple excursión por el monte o el dolor han pasado de ser elementos a destacar a converstirse en escenarios para promocionar la personalidad y sus últimos detalles. La solidaridad también ha asumido este modelo, que previamente despreciamos en los personajes de fama, y ha pérdido parte de su significado esencial de intimidad. Pienso que, precisamente, uno de los elementos que dotan de valor y de distinción a la solidaridad es la intimidad. Es el ámbito de protección necesaria para que el envanecimiento, a la vista de un público siempre oportunista, no deforme el auténtico significado de la solidaridad ni tampoco acabe convirtiéndola en una plataforma para purgarnos y justificarnos en comparecencia ante las gentes.

sábado, 17 de octubre de 2015

Cañizares y el evangelio

Las últimas declaraciones públicas del cardenal y arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, referentes al proceso constituyente de Cataluña y a la llegada a nuestro territorio de personas con necesidad de refugio, ponen de manifiesto la supervivencia del nacionalcatolicismo más recalcitrante y radical. En este sentido, creo más que conveniente la pregunta de si Cañizares ha entendido realmente el evangelio, y existen argumentos de suficiente peso, especialmente bíblicos, para afirmar que no.
Cartel de la vigilia convocada por Cañizares (elpais.com)

El pasado viernes 25 de septiembre, el arzobispo de Valencia convocava una vigilia de oración "por España y su unidad", que finalmente se llevó a cabo en la Catedral de la misma capital del Turia con centenares de asistentes. Durante la ceremonia Cañizares se atrevió a afirmar lo siguinte: "Dios quiere la unidad". Tanto la convocatoria de la vigilia, con un objetivo político claramente marcado, como las declaraciones promulgadas a lo largo del acto, subrayando específicas connotaciones en cuanto a un posicionamiento ideológico, impactan de frente con el texto que se encuentra en la epístola de Santiago, precisamente sobre la oración:



Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites.
 Santiago 4:3

"¿Esta invasión de emigrantes y de refugiados, es trigo limpio?", se preguntaba el mismo Cañizares este miércoles en uno de los desayunos informativos que organiza el Fórum Europa. Poco después aseguraba que los movimientos de personas llegadas a Europa en los últimos meses son "un caballo de Troya dentro de nuestras sociedades". Si las aseveraciones en cuanto a la unidad del Estado y el uso político de las plegarias suponen una grave contradicción con lo que aconseja el texto bíblico, la acusación a las personas refugiadas que llegan de países en conflicto atentan directamente contra la palabra de la Biblia, posicionándose en el extremo contrario. Tomaré un par de los muchos textos en los que baso esta hipótesis:

Porque no hay acepción de personas para con Dios.
 Romanos 2:11

Aunque las referencias más sonadas en cuanto a la protección de los 'extranjeros' provienen del Antiguo Testamento. Precisamente, poco después que Israel abandonase Egipto y se estableciese en Canaán.

Al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto.
 Éxodo 22:21

 Amaréis, pues, al extranjero; porque extranjeros fuisteis en la tierra de Egipto.
 Deuteronomio 10:19

Entiéndase en lenguaje metafórico de cada pasaje y cómo es aplicable también a nuestro contexto. El propio Cañizares, siendo utielano de nacimiento, también ha sido emigrante por causa de su oficio, cuando asumió los arzobispados de Granada, de Ávila o de Toledo. Por lo tanto sus declaraciones en cuanto a los refugiados y migrantes llegados a Europa en los últimos meses muestran su escasa y selectiva memoria, tanto para con su propia vida como para el texto bíblico que debe haber estudiado. 

El cardenal y arzobispo de Valencia, A.Cañizares (laicismo.org)
Este artículo no trata de aportar fundamentos teológicos, dada la falta de estudios al respecto de su propio autor. Lo que sí que intenta es rebatir los argumentos simplistas, el uso literal y por conveniencia de la Biblia, y la apropiación del acto religioso para el convencimiento político propio del nacioinalcatolicismo, que continúa muy arraigado en el Estado español y sigue manifestándose tan recalcitrante como en los tiempos del dictador. En este punto, es necesario destacar la palabra de Jesús en cuanto a cómo distinguir a

sus auténticos seguidores de los que tan sólo fingían para su beneficio propio. Y, a mi parecer, resulta una evidente alusión a las actitudes del Cardenal Cañizares y a su particular interpretación del evangelio.

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas pero que por dentro son lobos rapaces [...] No puede el árbol bueno  dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos [...] Así que, por sus frutos los conoceréis.
 Mateo 7: 15, 18 y 20

jueves, 3 de septiembre de 2015

Refugiados en Europa, o la paradoja de la equidad

Europa no sabe lo que significa equidad. La administración del viejo continente ha suplantado la identidad de un concepto bello, que habla de justicia en su esencia, por un cruel practicismo de carácter puramente económico y con ciertos brotes patriarcales. En un contexto de gobierno de la derecha conservadora, la gestión de los flujos de personas que llegan al mapa europeo con la necesidad de obtener refugio de las crisis que padecen sus países, no solamente es ineficaz sino que atenta directa y flagrantemente contra los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Viñeta de 'El Roto' (viralizzer.com)
Así pues, la equidad no es simplemente repartir a cantidades iguales entre dos o más partes. Este es el modelo que representan la cuotas de repartición de refugiados que ha impulsado la Unión Europea entre algunos de sus estados miembros. Un planteamiento que se ha hecho sobre la base de unos números inexactos y sin tener en cuenta las necesidades reales de las personas que siguen llegando al continente. Pero además es una respuesta completamente inmoral, puesto que la UE se ha dotado a sí misma de la capacidad de distribuir y decidir sobre colectivos humanos según le convenga, le plazca o dictamine, mostrando así una actitud ciertamente autoritaria y de superioridad al creerse propietaria temporal del destino más cercano de todas esas personas. 

Las cuotas han fracasado. Estaban destinadas a fracasar. No son sino uno de los placebos con lo que suele actuar Europa ante la tragedia prójima. Pero más allá del fracaso, también son crimen, mafia, especulación, riqueza para unos, camiones sin oxígeno cruzando Austria para otros. Lejos de plantear una solución digna y humana para las personas refugiadas, han venido a ser un genocidio directo e indirecto, con unas responsabilidades políticas evidentes que deberían ser juzgadas en La Haya. 

La fobia a los movimientos migratorios ha alcanzado su punto álgido. El error de base es la criminalización que ya casi por tradición se viene realizando de la inmigración. La agenda económica y política en Europa de los últimos años se ha concentrado alrededor de una propaganda alarmista sobre la llegada de inmigrantes y los discursos han proliferado al mismo tiempo que siguen radicalizándose. A partir de aquí, se ha entendido el movimiento de refugiados como un nuevo movimiento migratorio, ante el cual las autoridades europeas siguen manteniendo esos cócteles de políticas restrictivas mezcladas con una violencia institucional extrema que convierte al continente en una prolongación de la Guerra siria o de las persecuciones del Estado Islámico. 

No sólo es falta de capacidad de gestión de una nueva crisis humanitaria, sino el hecho de implementar medidas que sigan teniendo por resultados la muerte de cientos y miles de personas. Ante una carencia tan evidente del sentido de la realidad, y una disposiciones de carácter criminal, cabe preguntarse si la administración pública continental debería ser juzgada por crímenes de lesa humanidad.

lunes, 20 de abril de 2015

El banco

Hay espacios en la ciudad que resisten a la tiranía de lo inmediato, la prisa, el estrés. Recovecos entre paredes de grandes edificios, a la orilla de grandes avenidas o entre esquinas de rondas y de ramblas. Allí, el tiempo parece detenerse y las horas son absorvidas por el hábito de una rutina diferente y la espontaneidad que siempre ofrece el momento. Es el caso de la plaza que lleva el nombre del novelista i escritor de teatro, Josep Maria Folch i Torres, en Barcelona. Los días van y vienen para un pequeño grupo de personas que suelen concentrarse junto a la pista rectangular de arena, en el lado de la plaza que da a la Ronda Sant Pau. Algunas de ellas viven en la calle y otras tienen arreglado algún alojamiento con los servicios sociales o bien, con amigos y conocidos. 

Pinchos en el muro de una pared (somosmalasana.com)
A diario se reúnen en la plaza para charlar, beber o dormir en el colchón de arena y junto a la despreocupada vigilancia de un compañero o compañera. Y ante ellos, el impasible vaivén de una sociedad atrapada en su rapidez, que camina a toda prisa hacia adelante, sin mirar a su alrededor. El pequeño grupo de personas permanece de pie en todo momento y cuando el cansancio sobrepasa las fuerzas, entonces buscan apoyo en las maderas que delimitan el recinto arenoso. Unas maderas viejas y muy finas, que tan sólo cubren media nalga del asiento de una persona. 

Hace unos meses había un banco justo delante del arenal. Era habitual encontrarlos sentados, apretujadas las piernas entre sí. Se levantaban y se sentaban sin miedo a que nadie ocupase su asiento, puesto que, en una sociedad donde tan sólo hay tiempo para consumir el propio tiempo de manera más rápida e inmediata, ¿quién iba a querer sentarse con ellos? Reían, charlaban e incluso a veces cantaban. La estampa parecía la típica portada de los grupos pop-rock de los 90, con cinco músicos sentados en un banco para tres personas y además, con alguna guitarra perdida en las manos de alguno.

Un miércoles, a mediodía, se presentó una brigada municipal de limpieza.Los monos verde fosforito llamaron la atención de los ocupantes del banco. "Tienen que marcharse del banco", espetó uno de los técnicos con una manguera de agua a presión en la mano. Ni siquiera bastó un 'porqué'. Las miradas de los ocupantes ya lo reclamaban. "Volveremos a instalarlo", dijo el hombre. 

No sé si queda noción de ello en la mente del pequeño grupo que todavía hoy se junta en la plaza. Hasta qué punto un banco merece formar parte de la memoria histórica de una calle tan transitada como la Ronda Sant Pau en Barcelona, no puede conocerse. Pero detrás de ese banco hay unas personas y con estas, una historia humana. Por lo tanto es digna de ser descrita.

Bancos divididos (vozpopuli.com)
El Ayuntamiento de Barcelona ha manifestado varias veces que rechaza el urbanismo llamado defensivo, que se dedica a eliminar o bloquear los espacios públicos que ofrecen descanso en la vía. En otras palabras, los bancos, reposaderos, muros y repisas, oquedades,etc..todo aquello que permita a las personas detenerse en el transcurso del día a día de la ciudad y, en el caso de aquellas que se encuentran en situación de sin hogar, encontrar cobijo donde dormir o resguardarse. El urbanismo defensivo se encarga de inhabilitar estos espacios a través de una eliminación sistemática (como es el caso del banco en la plaza Folch i Torres) o bien, instalando toda clase de elementos (pinchos, cenefas, plantas, esferas de hormigón, sillas individuales...)  para anular así la función que podían desempeñar.

Una visión del urbanismo que engaña a la sociedad con el falso paradigma del diseño, la higiene y la sofisticación de las calles, cuando lo que en realidad fomenta es una mayor imposibilidad a la hora de establecer comunicación y relación con otras personas, y la privatización indirecta del espacio público (si te quieres sentar tiene que ser en un establecimiento, previa consumición). El mayor efecto de perversión de la idea  que se traduce en el hecho de desplazar aquello que resulta 'feo' para la ciudad o que puede afectar negativamente su atractivo. Es decir, el sistema ha decidido tomar unas personas y catalogarlas como 'excedentes', 'sobras', y ahora deben ser eliminadas de cualquier recóndito en el que puedan esconderse para no alterar la supuesta belleza urbana. 

No es únicamente un banco arrancado de un parque. Tampoco unas personas de pie que antes se podían sentar y tumbar. Es la evidencia de la apuesta que se realiza en materia política y, más allá del olvido, la destrucción de la sociedad en su base; esto es, las personas.

viernes, 10 de abril de 2015

Carta oberta a David Fernàndez

Benvolgut David, 

encara tinc molt fresc el record d'una xerrada teva a la Universitat Rovira i Virgili, en una de les classes del professor Antoni Batista. Confesso que em va sobtar escoltar les teves paraules de convicció i el teu estil juvenil i proper. Una experiència que he pogut tornar a viure aquesta setmana, tot i que no de forma tan directa, gràcies a una entrevista que et va fer Fra Josep Manuel Vallejo a finals de març d'enguany. Continuo sentit la teva proximitat, les carícies del teu discurs, el teu missatge agosarat pels que s'autodenominen mestres de la llei.

Fas bé en ressaltar l'importància de la quotidianeitat i parlar d'ella com el terreny principal on desenvolupar les accions que tombaran el vell sistema feudocapitalista i, per conseqüència, donaran un gir al funcionament del món. Si tots haguéssim d'esperar-nos a assolir el control del poder per encetar processos de transformació, crec que ara mateix ens trobaríem molt a prop d'un col·lapse social absolut, i s'acabarien de generar distàncies molt difícils de reconstruir a la relación entre les persones. I és que vèncer el sistema, aquesta cultura del 'jo', el 'meu' i la guerra política i econòmica contra l'alteritat, és no girar la mirada quan sortim al carrer i ens trobem de front amb la violència, la pobresa i qualsevol esgarrifant format en què es presentin la desigualtat i la injustícia, com certament dius. 

M'agrada que t'agradi tant la figura de Jesús, no ho puc deixar córrer. No dubto pas que l'admiració que expliques sentir pel seu testimoni és natural, sincera. Tot el contrari que aquells que s'omplen la boca dient "sóc cristià" i mentre amb una mà se senyen, amb l'altra estan signant l'opressió i el desajustament social. Com diria Gorki (a mí també m'influeix molt la literatura russa de principis de segle i de la revolució), ells són 'estèrils d'esperit'.

El punt on discrepo, amb tots els respectes, és en la qüestió de la divinitat. Trobo que el testimoni de Jesús té implícita la seva declaració com a Déu fet home amb l'objectiu d'exposar a la fusta de la creu un acte d'amor per tot el conjunt de la humanitat, certament incomprensible per a nosaltres, però amb un propòsit evident de reconciliació entre Déu i les persones. A partir d'aquí, l'autocrítica és més que necessària i el cristianisme, com a moviment religiós social organitzat, ha comès molts i greus errors. En totes les seves vessants. Per exemple, Gandhi ha rebut una clara inspiració cristiana però va decidir no ser cristià després de veure com les esglèsies de l'estat d'apartheid sudafricà també practicaven la distinció entre les persones. Tot el contrari del que es reflecteix al verset de Romans 2:11. O per exemple, agafant un dels moviments que cites a l'entrevista, la teologia liberal. Proposa un èmfasi completament necessari en mostrar la voluntat d'actuar per tal que el Regne de Déu (com a supòsit de perfecció absoluta) vingui a la terra. El mateix que Jesús diu quan ensenya el 'Pare nostre' als deixebles, dient "vingui el teu Regne" i "que la teva Voluntat es faci així a la terra com al cel" (Mateu 6:9-13). En canvi, alguns dels teòlegs més destacats del moviment defensen paral·lelament un ús de la violència per tal d'assegurar-se obtenir el poder. Plantejament que suposa una greu contradicció contra els paràmetres de la pau que estableix el mateix Jesús. Per tant, és visible que el moviment religiós-social del cristianisme també ha comès molts errors. Ara bé, no crec que sigui correcte, basant-nos en aquests exemples, desplaçar l'aspecte teològic del testimoni de Jesús i focalitzar-nos únicament en la seva acció social, ja que són elements complementaris l'un de l'altre. No es pot entendre el personatge marginant una de les seves dues línies discursives i d'actuació. 

Amb això no pretenc en absolut posar en dubte la teva fe. Considero que l'ateisme també és un moviment religiós-social organitzat d'una forma molt heterodoxa i amb un caràcter molt heterogeni. A l'igual que qui creu en Déu, la persona que el professa també requereix de fe per creure que no n'hi ha de Déu. La bellesa en les relacions conflueix en un punt del que gaudeixo veient el valor tan profund que li atorgues: el respecte. És l'eina que ens permetrà no oblidar-nos mai que som germans i germanes els uns dels altres i que podem i hem de compartit aquest sentit de comunitat que tant remarques al teu discurs. 

No m'acomiado sense agrair-te la teva fe, la teva preocupació i acció pel compliment de la justícia en tothom i, una vegada més, la teva proximitat que em permet escriure't avui.


jueves, 26 de marzo de 2015

El niño amarillo nunca se fue

En todas las facultades de periodismo se dedica un capítulo especial a explicar el fenómeno Yellow Kid, dentro de la historia de los orígenes de la prensa moderna. Este personaje pueril y vestido siempre de amarillo, perteneciente a la tira de cómic Hogan's Alley que apareció primero en la revista Truth y después en los archirrivales New York Journal (William Randoplh Hearst) y New York World (Joseph Pullitzer), siempre andaba metido en las peleas y enfrentamientos del callejón de al lado de su casa, utilizando un lenguaje muy peculiar y, por lo general, mostrando la típica vida de un barrio metropolitano en los Estados Unidos de finales del siglo XIX (1894-1898). En términos periodísticos, se le conoce como el padre del sensacionalismo. De ahí su especial relevancia a la hora de estudiarlo. 

Portada de El País 25-3-2015  (kiosko.net)
El legado que deja Yellow Kid consiste básicamente en focalizar la atención en aquellas noticias consideradas como 'sucesos' y que muestran siempre una temática alrededor de la muerte, el secuestro, el asesinato, las catástrofes naturales, etc. Todo ello intentando dotar al discurso informativo con un marcado tono emocional, que pone el acento en las reacciones que las personas muestran al sufrimiento.En otras palabras, sensacionalismo.

Estos últimos días, con el trágico accidente de avión en los Alpes franceses, ha podido observarse en muchos medios de comunicación una clase magistral de como hacer Yellow Kid, o sensacionalismo. Por supuesto que hay muchos profesionales rigurosos y serios trabajando en la investigación de los hechos por tal de hacer llegar toda la información a la ciudadanía. Pero también han vuelto a aparecer los titulares que recuerdan a nombres de películas de domingo por la tarde, y las portadas que buscan la lágrima fácil y el impacto del público a través de imágenes de los familiares de las víctimas.

Portada de El Mundo 26-3-2015 (kiosko.net)
Las redes sociales se han llenado de mensajes de muchos profesionales del periodismo que reclaman la necesidad de reconsiderar hasta qué punto es necesario mostrar el dolor en la pantalla de la televisión, en el papel o bien a través de las ondas radiofónicas. Después de tragedias como la ocurrida en los Alpes toca analizar de qué manera los medios de comunicación espectacularizan el sufrimiento de las personas y lo banalizan con la única consideración de obtener más audiencia. Se ha educado al público en la costumbre de unas informaciones morbosas y que parecen no tener límite a la hora de inmiscuirse en el ámbito íntimo y personal, por eso la empresa que consiga reunir las imágenes más impactantes será la que obtenga mayor audiencia. 

Esto no tiene que ver nada con el periodismo, ni con la voluntad y el arte de informar. Por el contrario, es grotesco fijar la cámara delante de un rostro desconsolado y que no puede reprimirse en esa situación. O publicar las fotografías y los nombres de las víctimas que iban en el avión. Es necesario preguntarse qué valor aporta a la información esos datos. Si es nulo, ¿entonces por qué publicarlo? El legado de Yellow Kid es una imposición que se ajusta básicamente a parámetros económicos, es decir, a ver qué empresa se lleva la mayor audiencia y todo lo que ello comporta (publicidad, visitas en la web, mejor posicionamiento, etc.). No hay nada de periodismo en ello. Desde el sector periodístico y de los medios de comunicación, por lo tanto, es necesario reflexionar hasta qué punto el sensacionalismo impone sus intereses sobre la buena información, y cómo en este clima de tiranía económica es posible combatir con la idea de que la noticia, sin 'carne', sabe a poco.

viernes, 9 de enero de 2015

¿Cómo no vamos a condenar la inquisición?

Desde La letra pequeña manifiesto mi más sentido pésame para todos los familiares y personas cercanas a las víctimas del atentado terrorista que tuvo lugar el miércoles 7 de enero de 2015 contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo. Ha sido un acto de violencia injustificable cuyo único objetivo era restringir la libertad de expresión a través del miedo. ¿Cómo puede relacionarse algo así con una creencia religiosa? Para mí el múltiple asesinato cometido en la sede de Charlie Hebdo no tiene nada que ver con la religión, sino que veo clarísimamente que se trata de una consecuencia directa por el fuerte odio que ostentaban los autores y el deseo de crear sumisión a través del terror. 

Si una portada de una revista satírica acaba así, no es porque se cause una ofensa hacia la fe que se profesa, sino porque existe una voluntad de dominio por parte de un colectivo concreto. No me refiero a la comunidad musulmana francesa, ni al islamismo en el resto del mundo. Tampoco me refiero al cristianismo, ni al budismo, ni al judaísmo, ni al hinduísmo, ni a ninguna otra religión. Considero que ninguna creencia auténtica puede desembocar en una barbarie como la que hemos podido contemplar en estos días; básicamente porque es algo contrario a ellas mismas. Las imágenes que hemos visto se corresponden a la etiqueta del odio que no busca reconciliación sino únicamente una vía de escape. Son el vivo retrato de la violencia en su más básica manifestación; imponerse por la fuerza sobre todo lo diferente

Por lo tanto, veo bastante desencajada la discusión que se ha establecido entorno al islam en las últimas horas. Especialmente en las redes sociales. Por ejemplo en twitter, donde el hashtag más utilizado en España durante el día del atentado y parte del siguiente fue #stopislam. ¿Qué sentido tiene volcar la justicia que todos deseamos contra una comunidad tan heterogénea y diversa como es la musulmana? Es como relacionarnos al cristianismo y sus seguidores con la inquisición que comandaba Tomás de Torquemada. Por ello se debe demandar prudencia en las tantísimas publicaciones y comentarios que circulan por la red en estos días, no sea que el peso de la justicia que demandamos recaiga sobre nosotros mismos en forma de injusticia, o bien haciéndoles un bonito regalo pre-electoral a los LePen i Plataforma per Catalunya de turno.

Además de la restricción que se le ha intentado imponer a la libertad de expresión una vez más (no nos engañemos, cada día se restringe desde las élites y éstas procuran hacerla bailar a su antojo de aquí para allá), me preocupa la conciencia de la violencia que existe tanto en los medios como en las redes sociales. Más bien la poca conciencia, diría yo, y siempre enfocada hacia el "yo", o como mucho el "nosotros". ¿Dónde está la niña o el niño que muere cada pocos segundos a causa del hambre y la desatención sanitaria? ¿Y dónde están los refugiados sirios, pendientes de una guerra que en 2014 alcanzó su mayor registro de muertes? También son actos criminales de un sistema que nos arrastra a la violencia como única vía de relación. Todos ellos son actos terroristas que se perpetran cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, con absoluta impunidad.